El Papa Francisco oficia el sugestivo y antiguo rito de la Vigilia Pascual



La Vigilia Pascual o "Lucernario" es uno de los ritos más antiguos de la liturgia y se celebra en esta noche del Sábado Santo que San Agustín llamó "madre de todas las vigilias", en alusión a la espera de la Resurrección del Hijo de Dios.

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Francisco presidió en la basílica de San Pedro su primera Vigilia Pascual, en cuya homilía dijo que la resurrección de Cristo es la victoria sobre el mal y lo que oprime en la vida y invitó a los que son "indiferentes" ante Dios, "que arriesguen, ya que no quedarán decepcionados".
El Papa afirmó también que no hay situaciones que Dios no pueda cambiar y que no hay pecado que no pueda perdonar si nos abrimos a él y que por ello no debemos perder la confianza. En la noche en la que la Iglesia celebra la "madre de todas las vigilias", el pontífice, de 76 años, dijo que con la resurrección de Cristo nada es igual en la vida de los hombres y en la historia de la humanidad, que la resurrección es la victoria sobre el pecado, sobre el mal, sobre la muerte, sobre todo lo que oprime la vida, y le da un rostro menos humano. "Acepta que Jesús Resucitado entre en tu vida, acógelo como amigo, con confianza: ¡Él es la vida! Si hasta ahora has estado lejos de él, da un pequeño paso, te acogerá con los brazos abiertos. Si eres indiferente, acepta arriesgar: no quedarás decepcionado", afirmó el papa.
El Obispo de Roma añadió: "Si te parece difícil seguirlo, no tengas miedo, confía en él, ten la seguridad de que él está cerca de ti, está contigo, y te dará la paz que buscas y la fuerza para vivir como él quiere". Comentando el evangelio de Lucas cuando las mujeres van al sepulcro y está vacío y se quedan perplejas, Francisco dijo que eso pasa también a nosotros cuando ocurre algo verdaderamente nuevo respecto a lo de todos los días, "nos quedamos parados, no lo entendemos, no sabemos cómo afrontarlo". "A menudo, la novedad nos da miedo, también la novedad que Dios nos trae. Somos como los apóstoles del Evangelio: muchas veces preferimos mantener nuestras seguridades. Tenemos miedo de las sorpresas de Dios. Él nos sorprende siempre", dijo el papa.
Francisco exhortó a los fieles no cerrarse a la "novedad que Dios quiere traer a nuestras vidas". ¿Estamos acaso con frecuencia cansados, decepcionados, tristes; sentimos el peso de nuestros pecados, pensamos no lo podemos conseguir? No nos encerremos en nosotros mismos, no perdamos la confianza, nunca nos resignemos: no hay situaciones que Dios no pueda cambiar, no hay pecado que no pueda perdonar si nos abrimos a él", afirmó. El Pontífice invitó a los fieles a que "hagan memoria" de lo que Dios hace por ello, del camino recorrido, ya que ello abre el corazón de par en par para el futuro.
"Pidamos al Señor que nos haga partícipes de su resurrección, nos abra a su novedad que transforma, a las sorpresas, tan bellas, que seamos capaces de sentirlo vivo y actuando en medio de nosotros", agregó. La Vigilia Pascual o "Lucernario" es uno de los ritos más antiguos de la liturgia y se celebra en esta noche del Sábado Santo que San Agustín llamó "madre de todas las vigilias", en alusión a la espera de la Resurrección del Hijo de Dios. Comenzó en el atrio de la basílica, en medio del más hondo de los silencios, con la bendición del fuego nuevo y el encendido del cirio pascual, símbolo de Cristo, "Luz del Mundo".
Bautismo y confirmación
El Papa Francisco realizó con un punzón una incisión sobre el cirio pascual, grabando una cruz, la primera y la última letra del alfabeto griego -alfa y omega- y la cifra del año 2013. A la vez pronunció en latín la frase "Cristo ayer y hoy, principio y fin, alfa y omega. A Él pertenece el tiempo y los siglos, a Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Después comenzó la procesión hacia el altar mayor, en medio de una total oscuridad en el templo, iluminado poco a poco con las velas de las miles de personas que lo abarrotaban, que fueron encendidas una a una con la llama procedente del Cirio Pascual.
Una vez llegado al altar mayor se encendieron todas las luces y comenzó el canto del Exultet, o pregón pascual, un recorrido sintético de la historia de la salvación. Siguiendo una tradición de la Iglesia primitiva, en la que los catecúmenos (adultos que aspiran al bautismo) eran bautizados en la noche de la Vigilia Pascual, el Obispo de Roma, revestido con ornamentos blancos, bautizó a cuatro catecúmenos, un italiano, un albanés, un ruso y un estadounidense originario de Vietnam. A los cuatro besó tras la confirmación. Francisco oficiará mañana en la plaza de San Pedro la misa del Domingo de Resurrección y después leerá el Mensaje Pascual e impartirá la bendición "Urbi et Orbi". El recinto ya ha sido adornado con 40.000 flores multicolores procedentes de Holanda.

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